Una de las contaminaciones más peligrosas, y entre las menos medidas, es la llamada contaminación sónica. O sea, que además de la patética sofocante proliferación de letreros de todo tipo en las calles, más la eterna propaganda política (faltas a la gramática española incluidos), abigarrado colorido urbano, basura y desorden en general… tenemos el ataque de la miríada de establecimientos de todo tipo con música de poquísima calidad a volúmenes que en minutos, nos dejarán sordos.
Al parecer, la ingestión de bebidas alcohólicas, uno de los principales pasatiempos de esta zona –en todas las edades y ambos géneros- va dejando sordas a las personas. Ya sea a pie de mostrador en los colmadones, car wash o simples barras de barrios, o, destrozándonos los tímpanos desde inmensos altoparlantes a bordo de camiones en las susodichas caravanas políticas… como en la ocasional fiesta en las cercanías, sin importar la tranquilidad de los vecinos; el volumen de la, música, nos paraliza… si no se es de los que está de fiesta.
“¡Súbelo!, ¡súbelo!... es el ruego, la imposición, de los pasajeros en cualquier minibús, de los que siempre llegan MUY rápido desde o hacia La Otra Banda, al oír una de las horripilantes bachatas de moda, de insulso contenido denigrante sexista, sin importar los demás. Por supuesto, con el volumen al máximo que permite la amplificación, nadie se entiende, por lo que hay –entonces- que hablar por encima del ruido! Esto se…amplifica, con los locutores (¿?) hablando sandeces encima de los discos que ponen en la radio.
En mediciones recientemente realizadas en cruces de calles de Santo Domingo y Santiago, los altísimos niveles de decibeles (medida del ruido) del tránsito sobrepasan por mucho los internacionalmente aceptados. Inclúyase por favor, aún en este monte, al tristemente célebre 'Cruce de Friusa'. Esto sin contar la inveterada costumbre dominicana de ir tocando la bocina (claxon o corneta) de los vehículos a todas horas. ¡Hay si alguien se tarda más de un nanosegundo en arrancar en un semáforo o doblar en una intersección! El demonio que le persigue lo castigará con una descarga sónica para matarlo…
Al parecer, la ingestión de bebidas alcohólicas, uno de los principales pasatiempos de esta zona –en todas las edades y ambos géneros- va dejando sordas a las personas. Ya sea a pie de mostrador en los colmadones, car wash o simples barras de barrios, o, destrozándonos los tímpanos desde inmensos altoparlantes a bordo de camiones en las susodichas caravanas políticas… como en la ocasional fiesta en las cercanías, sin importar la tranquilidad de los vecinos; el volumen de la, música, nos paraliza… si no se es de los que está de fiesta.
“¡Súbelo!, ¡súbelo!... es el ruego, la imposición, de los pasajeros en cualquier minibús, de los que siempre llegan MUY rápido desde o hacia La Otra Banda, al oír una de las horripilantes bachatas de moda, de insulso contenido denigrante sexista, sin importar los demás. Por supuesto, con el volumen al máximo que permite la amplificación, nadie se entiende, por lo que hay –entonces- que hablar por encima del ruido! Esto se…amplifica, con los locutores (¿?) hablando sandeces encima de los discos que ponen en la radio.
En mediciones recientemente realizadas en cruces de calles de Santo Domingo y Santiago, los altísimos niveles de decibeles (medida del ruido) del tránsito sobrepasan por mucho los internacionalmente aceptados. Inclúyase por favor, aún en este monte, al tristemente célebre 'Cruce de Friusa'. Esto sin contar la inveterada costumbre dominicana de ir tocando la bocina (claxon o corneta) de los vehículos a todas horas. ¡Hay si alguien se tarda más de un nanosegundo en arrancar en un semáforo o doblar en una intersección! El demonio que le persigue lo castigará con una descarga sónica para matarlo…
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